Secuestro del carbonoCapturar dióxido de carbono (CO2) y almacenarlo en el subsuelo mediante procesos artificiales de inyección es una estrategia relativamente nueva conocida como secuestro de carbono. Al aprisionar al CO2 en un medio en el que se supone que permanecerá inmovilizado, se evita así que acabe en la atmósfera y refuerce el efecto invernadero culpable del calentamiento global.

La estrategia resulta prometedora como forma bastante expeditiva para mitigar a corto plazo el problema de la creciente concentración de CO2 en la atmósfera, pero todavía hay muchas dudas con respecto a la seguridad y la eficacia de esta técnica, por lo que existe en la comunidad científica y en la opinión pública un debate muy acalorado sobre el tema.

La Agencia estadounidense de Protección Ambiental (EPA) estima que las actuales tecnologías de secuestro de carbono podrían eliminar hasta el 90 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono de las centrales eléctricas que funcionan con carbón, capturando el CO2 e inyectándolo a gran profundidad bajo la superficie de la Tierra, donde sería inmovilizado al integrarse a minerales y esencialmente adoptar una forma sólida.

Sin embargo, Yossi Cohen y Daniel H. Rothman, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, han encontrado que una vez inyectado el CO2 en el subsuelo, se integra en las rocas una cantidad menor de la que se ha venido asumiendo hasta ahora.

Los autores del nuevo estudio investigaron en detalle las reacciones químicas entre el CO2 y su entorno mineral una vez el gas se inyecta en la tierra, y encontraron que a medida que el CO2 se propaga por el subsuelo, solo una pequeña parte del gas se integra en la piedra. El resto adopta una forma más tenue.

Si se convierte en parte de la materia pétrea, pasa a ser estable y permanecerá inmovilizado allí abajo por tiempo indefinido. Sin embargo, si se queda en forma de fase líquida o gaseosa, conserva una movilidad significativa y podría regresar a la atmósfera.

Las actuales técnicas geológicas de secuestro de carbono están orientadas mayormente a inyectar CO2 en sitios como acuíferos salinos profundos, grandes bolsas de agua salada que puede reaccionar químicamente con el CO2 para solidificar el gas al integrarlo en minerales.

Cohen y Rothman se propusieron modelar las reacciones químicas que tienen lugar después de que el CO2 es inyectado en un entorno rocoso y salado. Modelaron las reacciones químicas entre las dos regiones principales: una ácida, de bajo pH, con una alta concentración de CO2, y una de pH más elevado, llena de agua salada. Dado que cada tipo de carbonato reacciona de manera diferente cuando fluye o se difunde a través del agua, los investigadores caracterizaron cada reacción, y examinaron minuciosamente sus posibles consecuencias en cada escenario.

Cuando el equipo analizó las reacciones químicas entre las regiones ricas en CO2 y las regiones de agua salada, encontraron que el dióxido de carbono se solidifica, pero solo en la interfase (la región fronteriza). La reacción crea en esencia una pared sólida en el punto donde el CO2 se encuentra con el agua salda, evitando que la mayor parte del CO2 reaccione con esta última.

Se creía que la mayor parte del dióxido de carbono se convertiría en un mineral sólido. Los resultados del nuevo estudio sugieren que solo una cantidad notablemente menor se precipita, aunque Cohen y Rothman admiten que sus predicciones teóricas requieren experimentos para determinar con la suficiente certeza la magnitud de este efecto.

Fuente de la noticia: Mechanisms for mechanical trapping of geologically sequestered carbon dioxide

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